Publicado el 1 de julio de 2017 a las 2:00 pm.

El primer ser humano en orbitar la tierra se llamó Yuri Alekséyevich Gagarin, fue un piloto militar soviético que participó activamente en el programa espacial desarrollado en la URSS. Sin embargo, antes de que la humanidad conociera el espacio exterior, fueron otros seres vivos los pioneros en conocer sus secretos.

Ratones, monos, chimpancés, tortugas, moscas, perros y gatos probaron la capacidad de un organismo vivo de volver ileso a la Tierra, lo que permitió al hombre explorar nuevos mundos.

Por muchos años, el debate y la duda entre los científicos era la capacidad del ser humano de sobrevivir por largos periodos a la ingravidez en un vuelo espacial.

Uno de los lanzamientos más conocidos, mas no el primero, se dio en 1957 por parte de Rusia. En este se puso en órbita a bordo del Sputnik a Laika, una perrita husky adoptada de la calle, que fue entrenada de manera apresurada para viajar y que murió en su ingreso a la atmósfera terrestre a causa de estrés y calor en la nave.

Posteriormente, en 1959, los Estados Unidos enviaron a los monos Able y Baker, lo cuales fueron recuperados ilesos.

El 31 de enero de 1961, Ham -acrónimo de Holloman Aero Med- se convirtió en el primer chimpancé en el espacio que a bordo del cohete Mercury Redston, preparó el camino para el exitoso lanzamiento del primer astronauta humano de Estados Unidos.

Luego de su vuelo de 16.5 minutos, el simio africano vivió en el zoológico de Washington de 1963 a 1980 y luego en otro de Carolina del Norte. Murió en 1983 y sus restos se encuentran expuestos en el Salón Espacial Internacional de la Fama en Alamogordo, en Nuevo México.

Después del aterrizaje lunar tripulado de Apolo 11, el papel de los animales se limitó al estado de “carga biológica” y la gama de especies se amplió para incluir conejos, tortugas, insectos, arañas, peces, medusas y algas.

Es así que durante los últimos 50 años, los científicos estadounidenses y rusos, principalmente, han usado ejemplares animales para las pruebas espaciales, que a pesar de las pérdidas, permitieron conocer aspectos de la vida sideral sin arriesgar al ser humano.

Estos animales dieron sus vidas en nombre de los avances tecnológicos, abriendo el cielo al hombre y que éste pudiera llegar más allá de la atmósfera y de su propio conocimiento.

Vía: Notimex